One-shot; canon/au;nc-17.
Título: Revelación.
Género: One-shot; canon/Au
Pareja: jack&ennis
Idioma: castellano
¡Muchísimas gracias por leer!
Género: One-shot; canon/Au
Pareja: jack&ennis
Idioma: castellano
¡Muchísimas gracias por leer!
-“Vaya situación de mierda”.
-“Lo es.”
-“Joder”.
-“Sí”.
-“No me puedo creer que vayamos a pasar toda la noche en este tugurio... cuando podríamos estar en una habitación, tranquilos.”
-“Jack, no empieces“.
-“¿Por qué?” –Jack baja la voz –“no es la primera vez que alquilamos una habitación, y aquí no nos conoce nadie...”
-“Ya lo hemos hablado, ¿para qué arriesgarnos? Sólo serán unas horas... Dentro de nada hay que estar en el hospital...”
-“Joder”.
-“Si, joder”- Ennis aprieta los dientes, menea la cabeza y empieza a perder la paciencia—“¿Crees que a mí me gusta pasar la noche aquí?”- Jack no contesta. -“Además, te recuerdo que fuiste tú el que atropelló a ese tipo”.
-“Ey, ey...el tipo estaba como una cuba”.
-“Y tú conducías como si fueras otra”.
-“Mira, fuiste tú el que habló de llevarlo a un hospital...cuando sólo...”
-“¿Qué esperabas? ¡Se estaba desangrando!”.
-“¿Desangrando? “Si el médico ha dicho que sólo tenía unos rasguños!”.
-“Yo no podía saber...”
-“ No, no podías” –Jack se levanta y recoge los dos vasos vacíos- “¿Quieres otro whisky?”.
------
“ Dos whisky”- la voz de Jack se perdió entre trescientas peticiones más. Al otro lado de la barra, un tipo recibió un puñetazo y otros dos lo recogieron del suelo. Se oyeron silbidos y palmas. La segunda trifulca de la noche. Y las que quedaban.- “Oiga, ¿me pone un par de whisky?”- Todo había empezado con el olvido de la nevera donde venían las bebidas. Jack la había echado en falta cuando estaba descargando los bártulos del coche, mientras esperaba aque Ennis llegara. El whisky no corría por los manantiales, eso estaba claro, así que lo siguiente fue subirse al coche (“Espérame tú aquí, iré yo a comprarlas”. “De esperar ni hablar, voy contigo”) y conducir los 20 kms que les separaban del pueblo (por llamar de alguna forma a ese montón de casas viejas y asfalto polvoriento) más cercano. Todo habría terminado en un pequeño incidente sin importancia si no hubiese sido porque a un tipo, con unas copas de más encima, se le había ocurrido saltar sobre el capote del coche ignorando los gritos de Ennis y los bocinazos de Jack. Ennis se había puesto hecho un flan (él también, la verdad ) y no pareció calmarse hasta que ya en el hospital (a dos horas de camino), el médico les había asegurado que no tenía nada serio y que mañana mismo le darí el alta y podrían llevárselo. La intención de Jack fue darle las gracias al doctor; aclararle que no conocían de nada al paciente, que había sido sólo un accidente y que hiciera el favor de llamar a un familiar que viniera a recogerlo: ellos tenían que seguir con sus cosas. Pero Ennis se había adelantado con un “claro, mañana estaremos aquí a eso de las 9”. Y ahor-a estaban en este bar de mala muerte, a la espera de recoger, llevar y soltar donde lo habían encontrado al tipo que les acababa de joder la primera de las cuatro noches que pensaban pasar en la montaña.–“Oiga” –Jack agarró de la manga al camarero en un descuido -“me pone de una vez esos dos malditos whiskys?”.
----
La puerta del bar no dejaba de tragar y escupir gente. El aire estaba cada vez más viciado y Jack y Ennis cada vez más borrachos.
-“Me caigo de sueño”.
Ennis le respondió con un bostezo.
-“Ey, amigo, qué te parece si nos vamos al coche y echamos una cabezadita”.
- ¿”Al coche?”.
- “ Diablos, sí. Todavía quedan un par de horas hasta que amanezca. Y este sitio no me gusta un pelo; si pasamos más tiempo aquí te digo que terminaremos tú y yo metidos en alguna pelea.
Ennis no necesitó oír más: “Vamos“- dijo levantándose. Se tambaleó un poco, aunque nada comparado con Jack, que tan pronto como se levantó se volvió a sentar.
- “ Ven aquí amigo”- Ennis le ayudó esta vez a levantarse y salieron los dos del bar dando tumbos.
----------
-“¿Qué haces?”.
Ennis se apoyó en la puerta abierta del coche: “Entrar en el coche”.
- “¿Por qué te pones detrás?”.
- “Para dormir un rato. Si quieres ponte tú aquí y yo me echaré ahí delante”.
¿Delante y detrás? No era eso lo que Jack tenía en mente.
-“Escucha, ¿Qué te parece si mejor..., nos alejamos un poco de aquí y aparcamos en un sitio más ... tranquilo?”.
Ennis no daba crédito: “Pero tú has visto cómo estamos? Con un atropello al día tengo bastante, gracias”.
-“Bueno”- dijo Jack cerrando la puerta de delante- “pues hazme un sitio ahí”.
Ennis suspiró: ¿por qué tenía siempre que explicarle lo que estaba tan claro?
- “ Ya has visto el tipo de gente que hay por aquí, Jack, ¿quieres que nos maten?”.
“ Está muy obscuro”- dijo Jack entrando dentro del coche- “y los del bar están más borrachos que tú y yo juntos; no notarían una mierda ni después de pisarla”.
Ennis se quedó fuera aún unos segundos más. No le gustaba mucho la idea, pero estaba demasiado cansado para discutir...y tenía un mareo de la hostia.
Entró él también; se sentó en una esquinita y apoyó la cabeza contra el cristal; Jack, replegando las piernas sobre el asiento, se apoyó contra Ennis.
Se durmieron.
----
Antes de abrir los ojos ya se había dado cuenta de que Jack no estaba a su lado. Dio un respingo y miró por la ventana: no había un alma en la calle. Salió del coche.
“¡Jack!” gritó en varias direcciones. Nada.
Anduvo unos pasos y se paró; no se oía ni el viento. Y eso que hacía bastante.
Se dirigió a la taberna. “Quizá haya entrado aquí para echar una meada” se dijo.
Entró.
El murmullo de la muchedumbre contrastó con el silencio del exterio . Parecía haber incluso más gente ahora que hacía un rato. Apenas podía ver más allá de la primera fila de espaldas y perfiles. Intentó abrirse paso entre el vocerío interrumpiendo, con empujones, las charlas. Llegó a la barra y giró la cabeza: la otra parte del bar estaba más tranquila, por lo menos se podía dar un paso sin besarle la nuca a nadie.
Buscó con la mirada la zona de los servicios; recordaba que estaban al fondo.
Y entonces lo vio. Sentado con las piernas muy abiertas encima de una mesa, casi en medio del local; tan a la vista que se preguntó cómo diablos no lo había notado desde el principio. Fue hasta él.
-“Jack, ¿Qué coño estás haciendo ahí?”
Jack le sonrió; entornó los ojos y se inclinó un poco hacia atrás, apoyando su peso en las palmas de las manos. Dobló una pierna sobre la mesa, y coronó la rodilla con su sombrero.
Ennis dio un paso hacia él. El sudor empezaba a mojarle la camisa.
Jack, sin dejar de mirarle, apretó los dientes y de un solo movimiento se desabrochó el pantalón y así, delante de todo el mundo, se abrió la cremallera. La gente empezó a formar pequeños grupos a su alrededor, en un silencio atento y expectante.
- “¿Qué haces?” -susurró Ennis.
Jack se levantó de la mesa y ya de pie se bajó los pantalones hasta las caderas. Sus ojos seguían fijos en Ennis; los de todos los demás, fijos en Jack.
–“Ven aquí , Ennis”- a la invitación le siguió una especie de ovación general; algunos incluso se acercaron un poco más, pero sin perder la respetuosa distancia Del fondo de la multitud vino un ronco “Vamos, fóllatelo”.
Ennis dio unos pasos hasta quedar frente a él. Su aliento le acarició la cara con ese olor tan familiar ...
Ennis le agarró la cara y le arrancó un violento beso. Sabía a sangre y a alcohol; a Jack. Las manos de Jack se pasearon por sus nalgas y su paquete. Ennis se dejó manosear por él, regalando más saliva a la boca abierta que se le ofrecía; los gemidos de excitación de la audiencia bombeaban sin para en sus oídos.
Jack rompió el beso, le sujetó la cara y le habló con los ojos. El mensaje le era conocido y le respondió de la única manera que sabía; le dio la vuelta y lo empujó contra la mesa bajándole a continuación los pantalones hasta los tobillos. Jack abrió las piernas todo lo que pudo, agarrando los extremos de la mesa para ejercer contrapeso.
Ennis lo vio girar la cara y mirar a la multitud: su expresión era desafíante; llena del coraje que Ennis estaba acostumbrado a ver en él.
Y una extraña sensación de euforia se apoderó entonces de él.
Se desabrochó el pantalón y se sacó la polla. La multitud gritaba extasiada; algunos habían empezado a tocarse y a frotarse, incluso entre ellos, pero sin apartar en ningún momento la vista de ellos.
Ennis pegó la cabeza de su polla al agujero de Jack y frotó allí el jugo que cubría su miembro.
Se hizo entonces el silencio. Ennis cerró los ojos y se centró en los únicos gemidos que le importaban: los gemidos de impaciencia y excitación de Jack...
“Mirad, mirad cómo me lo follo, éste es mi Jack, mi Jack, mi Jack...
-“Ennis, ¡Ennis! ... ” – desde la multitud se alzó una voz. Ennis, sin perder el ritmo de las embestidas , buscó el rostro de esa voz tan familiar... –“¡Ennis! Tranquilo, cálmate, amigo”- allí en primera fila estaba Jack... ¿¡Jack!?
-“¡Jack!”- Ennis abrió los ojos. La luz del amanecer le daba a Jack un brillo extraño y hermoso.
- “Joder, Ennis, qué manera de gritar. Creo que te habrán oído en 40 kms a la redonda, amigo”.
Ennis, demasiado confuso para hablar, se limitó a mover la cabeza, limpiándose el sudor que le caía por la frente.
-“Estás empapado”- le dijo Jack abriéndole la ventanilla del coche. La brisa de la mañana entró cortante y brusca. Pero Ennis le dio la bienvenida.
-“He tenido un sueño muy extraño...”- Pero no pudo continuar; a medida que las palabras salían de su boca, los fragmentos del sueño escapaban de su cabeza, como viejas fotos a través de una ventana.
- “¿Bueno o malo?”- preguntó Jack subiéndose el cuello del chaquetón.
- “No sé ..., creo que bueno”.
Jack sonrió y le tocó el hombro en un gesto cariñoso; chasqueó los labios y alargó la mano hasta su entrepierna: “Ya lo veo, ya”- dijo riéndose entre dientes.
Ennis le retiró la mano. Y entonces, como si este gesto le recordara algo importante, algo que no podía entender pero que de alguna manera era la clave de todo, sorprendió a Jack con un apasionado beso en la boca.
Cuando se separaron los dos respiraban con dificultad. Jack se limpió los labios abultados con una mano.
- “¿ Qué ha sido eso, cowboy, eehh?”.
Ennis sonrió. –“Vamos”- dijo cambiando el tema- “Cuanto antes recojamos a ese tipo, antes podremos soltarlo y empezar nuestras vacaciones”.
Jack no tuvo nada que objetar a eso.
Ennis se sentó al volante y durante el resto del día no consiguió quitarse del todo la sonrisa.
Fin.
-“Lo es.”
-“Joder”.
-“Sí”.
-“No me puedo creer que vayamos a pasar toda la noche en este tugurio... cuando podríamos estar en una habitación, tranquilos.”
-“Jack, no empieces“.
-“¿Por qué?” –Jack baja la voz –“no es la primera vez que alquilamos una habitación, y aquí no nos conoce nadie...”
-“Ya lo hemos hablado, ¿para qué arriesgarnos? Sólo serán unas horas... Dentro de nada hay que estar en el hospital...”
-“Joder”.
-“Si, joder”- Ennis aprieta los dientes, menea la cabeza y empieza a perder la paciencia—“¿Crees que a mí me gusta pasar la noche aquí?”- Jack no contesta. -“Además, te recuerdo que fuiste tú el que atropelló a ese tipo”.
-“Ey, ey...el tipo estaba como una cuba”.
-“Y tú conducías como si fueras otra”.
-“Mira, fuiste tú el que habló de llevarlo a un hospital...cuando sólo...”
-“¿Qué esperabas? ¡Se estaba desangrando!”.
-“¿Desangrando? “Si el médico ha dicho que sólo tenía unos rasguños!”.
-“Yo no podía saber...”
-“ No, no podías” –Jack se levanta y recoge los dos vasos vacíos- “¿Quieres otro whisky?”.
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“ Dos whisky”- la voz de Jack se perdió entre trescientas peticiones más. Al otro lado de la barra, un tipo recibió un puñetazo y otros dos lo recogieron del suelo. Se oyeron silbidos y palmas. La segunda trifulca de la noche. Y las que quedaban.- “Oiga, ¿me pone un par de whisky?”- Todo había empezado con el olvido de la nevera donde venían las bebidas. Jack la había echado en falta cuando estaba descargando los bártulos del coche, mientras esperaba aque Ennis llegara. El whisky no corría por los manantiales, eso estaba claro, así que lo siguiente fue subirse al coche (“Espérame tú aquí, iré yo a comprarlas”. “De esperar ni hablar, voy contigo”) y conducir los 20 kms que les separaban del pueblo (por llamar de alguna forma a ese montón de casas viejas y asfalto polvoriento) más cercano. Todo habría terminado en un pequeño incidente sin importancia si no hubiese sido porque a un tipo, con unas copas de más encima, se le había ocurrido saltar sobre el capote del coche ignorando los gritos de Ennis y los bocinazos de Jack. Ennis se había puesto hecho un flan (él también, la verdad ) y no pareció calmarse hasta que ya en el hospital (a dos horas de camino), el médico les había asegurado que no tenía nada serio y que mañana mismo le darí el alta y podrían llevárselo. La intención de Jack fue darle las gracias al doctor; aclararle que no conocían de nada al paciente, que había sido sólo un accidente y que hiciera el favor de llamar a un familiar que viniera a recogerlo: ellos tenían que seguir con sus cosas. Pero Ennis se había adelantado con un “claro, mañana estaremos aquí a eso de las 9”. Y ahor-a estaban en este bar de mala muerte, a la espera de recoger, llevar y soltar donde lo habían encontrado al tipo que les acababa de joder la primera de las cuatro noches que pensaban pasar en la montaña.–“Oiga” –Jack agarró de la manga al camarero en un descuido -“me pone de una vez esos dos malditos whiskys?”.
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La puerta del bar no dejaba de tragar y escupir gente. El aire estaba cada vez más viciado y Jack y Ennis cada vez más borrachos.
-“Me caigo de sueño”.
Ennis le respondió con un bostezo.
-“Ey, amigo, qué te parece si nos vamos al coche y echamos una cabezadita”.
- ¿”Al coche?”.
- “ Diablos, sí. Todavía quedan un par de horas hasta que amanezca. Y este sitio no me gusta un pelo; si pasamos más tiempo aquí te digo que terminaremos tú y yo metidos en alguna pelea.
Ennis no necesitó oír más: “Vamos“- dijo levantándose. Se tambaleó un poco, aunque nada comparado con Jack, que tan pronto como se levantó se volvió a sentar.
- “ Ven aquí amigo”- Ennis le ayudó esta vez a levantarse y salieron los dos del bar dando tumbos.
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-“¿Qué haces?”.
Ennis se apoyó en la puerta abierta del coche: “Entrar en el coche”.
- “¿Por qué te pones detrás?”.
- “Para dormir un rato. Si quieres ponte tú aquí y yo me echaré ahí delante”.
¿Delante y detrás? No era eso lo que Jack tenía en mente.
-“Escucha, ¿Qué te parece si mejor..., nos alejamos un poco de aquí y aparcamos en un sitio más ... tranquilo?”.
Ennis no daba crédito: “Pero tú has visto cómo estamos? Con un atropello al día tengo bastante, gracias”.
-“Bueno”- dijo Jack cerrando la puerta de delante- “pues hazme un sitio ahí”.
Ennis suspiró: ¿por qué tenía siempre que explicarle lo que estaba tan claro?
- “ Ya has visto el tipo de gente que hay por aquí, Jack, ¿quieres que nos maten?”.
“ Está muy obscuro”- dijo Jack entrando dentro del coche- “y los del bar están más borrachos que tú y yo juntos; no notarían una mierda ni después de pisarla”.
Ennis se quedó fuera aún unos segundos más. No le gustaba mucho la idea, pero estaba demasiado cansado para discutir...y tenía un mareo de la hostia.
Entró él también; se sentó en una esquinita y apoyó la cabeza contra el cristal; Jack, replegando las piernas sobre el asiento, se apoyó contra Ennis.
Se durmieron.
----
Antes de abrir los ojos ya se había dado cuenta de que Jack no estaba a su lado. Dio un respingo y miró por la ventana: no había un alma en la calle. Salió del coche.
“¡Jack!” gritó en varias direcciones. Nada.
Anduvo unos pasos y se paró; no se oía ni el viento. Y eso que hacía bastante.
Se dirigió a la taberna. “Quizá haya entrado aquí para echar una meada” se dijo.
Entró.
El murmullo de la muchedumbre contrastó con el silencio del exterio . Parecía haber incluso más gente ahora que hacía un rato. Apenas podía ver más allá de la primera fila de espaldas y perfiles. Intentó abrirse paso entre el vocerío interrumpiendo, con empujones, las charlas. Llegó a la barra y giró la cabeza: la otra parte del bar estaba más tranquila, por lo menos se podía dar un paso sin besarle la nuca a nadie.
Buscó con la mirada la zona de los servicios; recordaba que estaban al fondo.
Y entonces lo vio. Sentado con las piernas muy abiertas encima de una mesa, casi en medio del local; tan a la vista que se preguntó cómo diablos no lo había notado desde el principio. Fue hasta él.
-“Jack, ¿Qué coño estás haciendo ahí?”
Jack le sonrió; entornó los ojos y se inclinó un poco hacia atrás, apoyando su peso en las palmas de las manos. Dobló una pierna sobre la mesa, y coronó la rodilla con su sombrero.
Ennis dio un paso hacia él. El sudor empezaba a mojarle la camisa.
Jack, sin dejar de mirarle, apretó los dientes y de un solo movimiento se desabrochó el pantalón y así, delante de todo el mundo, se abrió la cremallera. La gente empezó a formar pequeños grupos a su alrededor, en un silencio atento y expectante.
- “¿Qué haces?” -susurró Ennis.
Jack se levantó de la mesa y ya de pie se bajó los pantalones hasta las caderas. Sus ojos seguían fijos en Ennis; los de todos los demás, fijos en Jack.
–“Ven aquí , Ennis”- a la invitación le siguió una especie de ovación general; algunos incluso se acercaron un poco más, pero sin perder la respetuosa distancia Del fondo de la multitud vino un ronco “Vamos, fóllatelo”.
Ennis dio unos pasos hasta quedar frente a él. Su aliento le acarició la cara con ese olor tan familiar ...
Ennis le agarró la cara y le arrancó un violento beso. Sabía a sangre y a alcohol; a Jack. Las manos de Jack se pasearon por sus nalgas y su paquete. Ennis se dejó manosear por él, regalando más saliva a la boca abierta que se le ofrecía; los gemidos de excitación de la audiencia bombeaban sin para en sus oídos.
Jack rompió el beso, le sujetó la cara y le habló con los ojos. El mensaje le era conocido y le respondió de la única manera que sabía; le dio la vuelta y lo empujó contra la mesa bajándole a continuación los pantalones hasta los tobillos. Jack abrió las piernas todo lo que pudo, agarrando los extremos de la mesa para ejercer contrapeso.
Ennis lo vio girar la cara y mirar a la multitud: su expresión era desafíante; llena del coraje que Ennis estaba acostumbrado a ver en él.
Y una extraña sensación de euforia se apoderó entonces de él.
Se desabrochó el pantalón y se sacó la polla. La multitud gritaba extasiada; algunos habían empezado a tocarse y a frotarse, incluso entre ellos, pero sin apartar en ningún momento la vista de ellos.
Ennis pegó la cabeza de su polla al agujero de Jack y frotó allí el jugo que cubría su miembro.
Se hizo entonces el silencio. Ennis cerró los ojos y se centró en los únicos gemidos que le importaban: los gemidos de impaciencia y excitación de Jack...
“Mirad, mirad cómo me lo follo, éste es mi Jack, mi Jack, mi Jack...
-“Ennis, ¡Ennis! ... ” – desde la multitud se alzó una voz. Ennis, sin perder el ritmo de las embestidas , buscó el rostro de esa voz tan familiar... –“¡Ennis! Tranquilo, cálmate, amigo”- allí en primera fila estaba Jack... ¿¡Jack!?
-“¡Jack!”- Ennis abrió los ojos. La luz del amanecer le daba a Jack un brillo extraño y hermoso.
- “Joder, Ennis, qué manera de gritar. Creo que te habrán oído en 40 kms a la redonda, amigo”.
Ennis, demasiado confuso para hablar, se limitó a mover la cabeza, limpiándose el sudor que le caía por la frente.
-“Estás empapado”- le dijo Jack abriéndole la ventanilla del coche. La brisa de la mañana entró cortante y brusca. Pero Ennis le dio la bienvenida.
-“He tenido un sueño muy extraño...”- Pero no pudo continuar; a medida que las palabras salían de su boca, los fragmentos del sueño escapaban de su cabeza, como viejas fotos a través de una ventana.
- “¿Bueno o malo?”- preguntó Jack subiéndose el cuello del chaquetón.
- “No sé ..., creo que bueno”.
Jack sonrió y le tocó el hombro en un gesto cariñoso; chasqueó los labios y alargó la mano hasta su entrepierna: “Ya lo veo, ya”- dijo riéndose entre dientes.
Ennis le retiró la mano. Y entonces, como si este gesto le recordara algo importante, algo que no podía entender pero que de alguna manera era la clave de todo, sorprendió a Jack con un apasionado beso en la boca.
Cuando se separaron los dos respiraban con dificultad. Jack se limpió los labios abultados con una mano.
- “¿ Qué ha sido eso, cowboy, eehh?”.
Ennis sonrió. –“Vamos”- dijo cambiando el tema- “Cuanto antes recojamos a ese tipo, antes podremos soltarlo y empezar nuestras vacaciones”.
Jack no tuvo nada que objetar a eso.
Ennis se sentó al volante y durante el resto del día no consiguió quitarse del todo la sonrisa.
Fin.
