Listens: "Bang bang" David Bustamante

Capítulo 5

Sofía caminaba por la calle mientras leía atentamente un libro, era la última tarea que tenía que entregar para poder graduarse, era solamente un capítulo, un ensayo de 4 hojas, entregarlo y ¡Voila! Era toda una mujer graduada.

Ya estaba en las últimas hojas, no podía dejar de pensar en lo feliz que sería cuando dejara de pensar en ese estupido ensayo; si, había leído toda su vida, pero nunca había sentido tanta necesidad de acabar un libro.

“Amanda, lo tomó de la mano y le dio un beso increíble, que ni mil ángeles pudieron haber igualado. Lo abrazó y sintió como una lágrima corría por su mejilla.
-Te amo- le dijo mientras él jugaba con su cabello.
- Amanda, nunca me olvides… prometo regresar por ti- Julián la beso y se subió al barco, no cabía duda… él era todo un amante del mar.”


Sofía terminó la hoja y se dio cuenta que era el final de todo.

-Terminé- dijo mientras trataba de guardar el libro en la enorme bolsa que traía.
- Pero que final tan… triste-
Sofía seguía tratando de meter el libro a la bolsa, pero no podía, era demasiado grande.
-Vamos, por favor… necesito llegar a mi casa para terminar esto.

Mientras más trataba de meterlo menos podía. Sofía se dio por vencida y de repente el libro se le cayó en un charco.

-¡no! Es de la biblioteca- dijo mientras lo sacudía para quitarle el agua.

-Ese libro es bastante malo a mi parecer- dijo una voz al lado.

-Pues será muy malo, pero tengo que secarlo para antes de las 5:00 pm- dijo ella mientras lo limpiaba con el sueter.
-¿Arruinarás un sueter tan lindo por un libro tan malo-
-Haría lo que fuera por este libro en este momento y si me disculpa yo tengo que irme muy pronto a…-

Sofía se paró y vio a un chico con los ojos azules, cabello güero y una hermosa sonrisa.

-¿De verdad harías lo que sea?- le dijo él.

Sofía no sabía que contestar, sólo se limitó a sonreir.

-Hola, mi nombre es Eduardo Caballero Helman, puedes decirme Eduardo-
-Sofía Osher, puedes decirme… Sofía- se rió.
Eduardo: Hola Sofía Osher, gusto en conocerte.
Sofía: Igual yo, digo, el gusto es mío.
Eduardo: Mira, si de verdad harías todo por ese libro te puedo ayudar.
Sofía: ¿De verdad?
Eduardo: Si, para tu suerte soy publicista y conozco a la autora de este libro, si quieres podemos ir con ella y decirle que te de una copia.
Sofía: Pero ahorita no tengo dinero.
Eduardo: No te preocupes por eso.
Sofía: ¿A no? Entonces que tengo que hacer.
Eduardo: Que te parece, cena, mañana, 9:00pm.

Sofía se río y se sonrojo.

Eduardo: ¿Qué dices?
Sofía: Esta bien, todo sea por el libro.
Eduardo: Todo sea por el libro.


Sofía abrió los ojos, los tenía empapado se lágrimas, era la primera vez que soñaba con Eduardo desde que había muerto.

Se levantó y vio que no era tan tarde, a penas iban a ser las 5:00pm; vio que la ventana estaba abierta, y pudo ver de lejos que la ventana del otro departamento estaba abierta también pero no había nadie ahí.

Se volvió a acostar y trato de volver a dormir pero no pudo, así que se levantó, se puso un sueter muy calientito y trató de cepillarse el cabello; abrió la puerta y salió al parque.

Llegó y se sentó en la banca de siempre, dio un suspiro y trato de guardar la calma, pero no pudo, estaba tan emocionada de haberlo visto de nuevo que no quería abrir los ojos para que él no se borrar de su memoria, así que cerró los ojos de nuevo.

-Capuchino, caliente, descafeinado para que puedas dormir-

Abrió los ojos y pudo ver a Orlando con un café en la mano.

Sofía lo miró y no dijo nada.

Orlando: ¿No te gusta? Bueno, ten… Moka caliente, descafeinado para que puedas dormir.

Sofía tomó el café y le dio un sorbo.

Orlando: Nadie puede negar un café gratis, y menos en esta cuidad tan cara.
Sofía: Gracias, no te hubieras molestado.
Orlando. No hay de que, supuse que tenías frío.
Sofía: Si, sólo un poco.
Orlando. Bueno, te dejo pensar, me tengo que ir mi sobrina me esta esperando para ir al cine.
Sofía: Esta bien.
Orlando: Nos vemos, duerme bien.

Orlando empezó a alejarse y tomó un sorbo a su café. Cuando se puso los lentes y se acomodó el abrigo, miró a los juegos y gritó:

Orlando: ¡Sofía! Es hora de irnos.

Sofía se quedó extrañada, la niña se llamaba justo como ella. Vio a la niñita que se acercaba rápidamente mientras le tomaba la mano.

Sofía se le quedó viendo de nuevo, era la segunda vez que lo veía alejarse dejándola con sólo un nombre.

Primero era Orlando, ahora era Sofía.