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Inteligencia artificial
Opinión

Cuando el beneficio no basta

Las ganancias empresariales, debido a la ingente necesidad de inversión de las compañías tecnológicas, pierden relevancia para medir la capacidad de generación de valor de una empresa

Operadores de la Bolsa de Nueva York.Ángel Colmenares (EFE)

Las mayores empresas tecnológicas del mundo están generando más beneficios que nunca. Sin embargo, muchas de ellas apenas generan caja e incluso necesitan endeudarse o ampliar capital para financiar sus inversiones en inteligencia artificial.

Esto está poniendo en cuestión la utilización del beneficio empresarial como la medida más relevante seguida en los mercados bursátiles para analizar y valorar una empresa, como así ha sido tradicionalmente. Así, el múltiplo price earnings ratio (PER), que vincula la capitalización de una compañía con su resultado neto, ha sido una referencia para identificar oportunidades de compra o de venta, en base a la percepción de que una acción estaba infra o sobrevalorada por contraste del múltiplo con el que cotizaba respecto a sus comparables.

Sin embargo, las ingentes inversiones que se están acometiendo para competir en inteligencia artificial están cambiando drásticamente este paradigma, y el beneficio empresarial pierde relevancia para medir la capacidad de generación de valor de una empresa. En un contexto de fuerte esfuerzo inversor no basta con que las empresas sean capaces de aumentar sus beneficios, sino que la clave está en valorar si van a ser capaces de rentabilizar estas inversiones y si la rentabilidad generada superará al coste de financiarlas. Ahí ganan relevancia indicadores cuyo uso se está extendiendo mucho más en los mercados de capitales, como el análisis del flujo de caja que genera una empresa o el de su ROIC (retorno sobre el capital invertido).

Es significativo que gigantes como Alphabet, Microsoft, Meta o Amazon están generando actualmente un flujo de caja libre muy bajo o incluso negativo, lo que los ha llevado a tener que emitir deuda o acometer ampliaciones de capital. La razón es que, pese a que generan abultados resultados operativos, estos no son suficientes para cubrir las inversiones que tienen que realizar. La obtención de flujos de tesorería negativos no significa que las empresas estén destruyendo valor, sino que están sacrificando caja presente para construir activos cuya rentabilidad esperan capturar durante la próxima década.

A menudo, se hace el paralelismo con otros sectores que históricamente tuvieron que acometer fuertes ciclos inversores, como las redes ferroviarias, las eléctricas o las telecomunicaciones. La pregunta que subyace con la rentabilización de la inversión en inteligencia artificial es si el consumidor va a estar dispuesto a soportar las subidas de precios que seguramente tengan que aplicarse.

Nos enfrentamos a una nueva era económica en la que empresas tradicionalmente poco intensivas en inversiones, como eran las digitales, comienzan a ser las más dependientes de activos físicos como suelos, electricidad, centros de datos, redes, chips o refrigeración. Esta paradoja obliga también a modificar la forma de analizarlas, poniendo énfasis no solo en el beneficio sino en la capacidad de asignar capital con inteligencia.

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